El Premio Jóvenes Juristas se ha convertido en un referente y en una de las citas anuales más importantes para aquellos estudiantes de Derecho que quieren poner en práctica sus habilidades y capacidades jurídicas. El plazo de presentación de solicitudes finalizará el 25 de marzo del 2024.
El pasado, 21 de junio tuvo lugar la ceremonia de entrega del Premio Jóvenes Juristas 2023, en un acto que estuvo presidido por el decano del Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid, Excmo. Sr. D. Eugenio Ribón, en el acto celebrado en el Centro de Estudios Garrigues.
Javier Oñate Diaz fue el ganador del primer premio de este pasado año, al cual entrevistamos. Javier es originario de Zaragoza, pero residente en San Sebastián. Tras realizar sus estudios de educación primaria y secundaria en Francia, cursó bachillerato en SUMMA Aldapeta en la capital guipuzcoana, donde fue honrado con matrícula de honor. Además de lo anterior, jugó federado todos estos años al fútbol y cursó estudios de violín en el Conservatorio hasta cuarto de profesional.
Estudió el Grado de Derecho y Máster en Abogacía Internacional en el Instituto Superior de Derecho y Economía (ISDE), obteniendo una calificación media de 9’79, y fue galardonado al término de sus estudios con el Primer Premio en la vigesimotercera edición del Premio Jóvenes Juristas. Además de desarrollar su pasión por el Derecho mediante distintos cursos ofrecidos por la UNED, ha realizado prácticas en Cuatrecasas y distintos despachos de abogados, así como en una Notaría de Madrid. Actualmente se encuentra opositando.
- ¿Cómo se desarrolla el premio? ¿En qué consisten las pruebas?
El premio Jóvenes juristas consta de dos fases.
La primera consiste en la resolución de un dictamen de Derecho de empresa, que aborda cuestiones de distintas ramas del Derecho, tales como el derecho societario, fiscal, laboral o concursal.
La final, en la que sólo participan las doce mejores candidaturas, consiste en la defensa oral de dicho dictamen ante tribunal. Esta prueba comienza con la contestación de alguna pregunta del caso práctico, o con la exposición de alguna materia abordada en el mismo, o conexa a ellas, para lo cual se goza de cinco minutos. Posteriormente, el tribunal formulará diversas preguntas de dificultad creciente al candidato que pueden estar relacionadas con la primera pregunta o no. La preparación de ambas pruebas es ambiciosa.
En mi experiencia, la primera requiere de mayor profundidad y estudio, al tener que repasar, cuando no estudiar ex novo, muchas cuestiones de muy diversa naturaleza. No obstante, la fase oral requiere de mucha precisión técnica y es conveniente trabajar con detalle la exposición oral, puesto que la presentación del tema escogido es clave; debiendo dar énfasis tanto al contenido de las respuestas, como a la forma, lo que incluye la terminología jurídica empleada.
- ¿Cuál fue tu experiencia en las distintas fases del examen? ¿Cuál es la que tuviste que prepararte mejor? ¿En cuál estabas más nervioso?
Mi experiencia fue muy gratificante en ambas fases. La primera de las fases me pareció algo más asequible, no tanto por la dificultad de la prueba, sino por su estructura. Al final, pese a que su contenido es mucho más complejo, no deja de ser un caso práctico como los muchos que he tenido que resolver a lo largo de mis estudios en la universidad. Además, al darle ISDE una importancia capital al aspecto práctico de Derecho, la resolución de dictámenes fue una constante durante la carrera, por lo que la preparación se limitó al estudio de los materiales necesarios, no debiendo enfocarme también en la forma de resolverlo. Esto también fue un factor determinante a la hora de no sufrir demasiados nervios en este punto.
No obstante, esto último no se dio en la final. La gestión del estrés fue todo un reto tanto en la preparación de la final, como en los momentos previos a la misma e incluso estando inmerso en ella. Es cierto que estoy acostumbrado a realizar exposiciones, presentes en la educación francesa desde una edad muy temprana, pero enfrentarse a un tribunal repleto de eminencias nunca es sencillo. ¿Qué materia elegir? ¿Cómo exponer todo lo que quiero decir en tiempo? ¿Qué preguntas que pueden hacerme? ¿Cómo salgo del paso si no conozco la respuesta a alguna para no quedarme en blanco? Todas estas incógnitas, en un contexto de exámenes, trabajos de final de carrera y máster, prácticas curriculares…, supusieron un importante reto.
- ¿Qué opinas de este tipo de iniciativas para apoyar el talento?
Toda alabanza a iniciativas que apoyen el talento es insuficiente. En este caso, como ya hiciera en el discurso de aceptación del premio, quiero reiterar mi más efusiva felicitación al Centro de Estudios Garrigues, en particular a Carmina y a D. Pablo Olábarri, así como a todas las personas e instituciones que lo hacen posible, ya que el PJJ es un premio que promueve y premia la excelencia en el mundo del Derecho.
- ¿Qué papel ha jugado tu Universidad de origen en el Premio?
Fundamental. No sólo por los conocimientos “de base” que ya tenía al tener ISDE un plan de estudios con un enfoque eminentemente práctico, sino por la ayuda inestimable que me brindó en la preparación del premio. Quiero acordarme particularmente de D. Antonio Tapia, mentor y guía en toda esta aventura. ¿Cómo fue tu experiencia en la ceremonia de entrega del premio? Quizá, junto con la llamada en la que Carmina me comunicó que era el vencedor del premio, el momento más gratificante de mi breve carrera como jurista. Tanto la entrega en sí, como la elaboración y lectura del discurso ante mis seres queridos fue muy emocionante.
- ¿Qué es lo que más te ha sorprendido de ganar el premio? ¿Qué experiencia te aportó la participación en el premio?
El reconocimiento brindado tanto por el CEG, como por mi universidad y distintos despachos de abogados, que se mostraron interesados en contratarme cuando finalizara mi máster de acceso. Esto es quizá lo más relevante en un entorno laboral altamente competitivo como es el de la abogacía.
- ¿Animarías a estudiantes de derecho a participar?
El Premio Jóvenes Juristas es una prueba de alto nivel académico, por lo que su preparación conllevará la adquisición de enormes conocimientos en los estudiantes que se presentan, no sólo jurídicos, sino también en cuestiones conexas: gestión y organización del tiempo, exposición y oratoria… Ya sólo por ello, y por la experiencia de participar en esta prueba, presentarse merece la pena. Pero es que, además, las recompensas y premios a finalistas y ganador, así como la notoriedad que da ser un premiado facilitan enormemente el desarrollo profesional de los estudiantes de Derecho.
Por tanto, sí, creo que cualquier estudiante de Derecho debería aprovechar esta oportunidad.